A menudo podemos observar como algunos comentaristas deportivos, a comienzo de cada temporada, predicen quienes van a ser los grandes ganadores en las diferentes disciplinas. Sin embargo, y con el paso de los días, también suelen ver como el resultado de sus pronósticos se van desvaneciendo a medida que esos equipos “favoritos” van perdiendo y así contradiciendo aquellas predicciones iniciales.

De una forma muy parecida, vemos que en los mercados financieros también sucede lo mismo de una forma más o menos frecuente. Suelen pronosticarse grandes beneficios en mercados o activos concretos, en un plazo relativamente corto (market timing), para luego, muchas veces, decepcionarnos cuando en la realidad nos encontramos con giros inesperados que echan por tierra aquellas predicciones.

Evidentemente, habrá ocasiones en que estos pronósticos si lleguen a cumplirse, pero para aquellas personas que no quieran someter su dinero a una estrategia potencialmente peligrosa, el tiempo y no el momento, podría ser la mejor alternativa.

El market timing es una estrategia de inversión donde el inversor trata de identificar los mejores momentos para estar en el mercado y cuando salir. Los defensores de esta estrategia sostienen que pronosticar con éxito los flujos del mercado, puede dar como resultado rendimientos más altos que otras estrategias.

Por otro lado, los críticos, sostienen que los cambios en una tendencia de mercado pueden aparecer de forma repentina y casi aleatoria, lo cual provoca que el riesgo de predicción errónea sea, cuando menos, significativo.

Uno de los mayores riesgos del market timing es estar fuera cuando el mercado sube inesperadamente, perdiendo así algunos de los mejores momentos. De esta forma, el inversor corre el riesgo de medir incorrectamente el momento de mercado.

Lo opuesto a esta estrategia de market timing es comprar y mantener la inversión (buy and hold) a medida que el mercado atraviesa sus diferentes ciclos.

 

Comprar y mantener, sin embargo, no quiere decir ignorar la cartera ya creada “sine die”. Siempre hay que monitorizar las inversiones, realizando revisiones periódicas ya que las necesidades de inversión también cambian con el tiempo. Una revisión periódica puede ayudar en el camino para lograr las metas.

La experiencia nos demuestra que el tiempo puede ser un mejor aliado que el momento. El mejor enfoque para una cartera es armarse con toda la información necesaria y después acceder a un profesional en asesoramiento que ayude a la hora de tomar la decisión final.

Pero por encima de todo, las decisiones personales de inversión a largo y a corto plazo, deben basarse en cada caso en las necesidades financieras de cada uno, así como en la capacidad de aceptar los riesgos que acompañan a cada inversión.