En materia económica en cambio, y con todas las reservas lógicas por el desconocimiento del alcance real que va a tener la pandemia, sí tengo una opinión y posición determinada que, a sabiendas que a menudo es a contracorriente, no quiero dejar de exponer. Aún menos en momentos como los actuales, en los que claramente represento a una minoría.

Existe una corriente entre economistas de cierto prestigio, sobretodo académicos, que anuncian un final de modelo económico, algo así como un apocalipsis y el nacimiento de un nuevo paradigma en el que vamos a tener que reinventar la forma de transaccional nuestras necesidades vitales.

En mi anterior artículo ya indiqué la clara determinación de los Estados por mantener cierta coherencia con el modelo económico, intentando con distintas iniciativas rebajar la volatilidad, paliando el pánico y agonía tanto en los mercados financieros como en la situación de muchos trabajadores, autónomos, pymes y grandes compañías. El esfuerzo se centra en la inyección extraordinaria de ayudas que superen el techo de deuda lo necesario para aportar tranquilidad a los mercados y a las empresas, y así se reduzcan a medio plazo los menores puestos de trabajo posibles.

En realidad, las especulaciones, las insinuaciones y las proyecciones basándose en que no haremos nada al respecto, son igual de falaces que las fake news, son sinónimo de desinformación. Vamos a ver los datos, que son objetivos.

Empecemos por EEUU y la FED

Trump anunció un paquete de medidas sin precedentes en la historia de Estados Unidos, con un paquete de estímulos por valor de 850.000 millones de dólares. Y llegó a anunciar ayuda directa a los estadounidenses con el ingreso de un cheque por ciudadano para hacer frente a sus necesidades básicas y de consumo, no dejando a ningún norteamericano en la estacada, ese es el mensaje. Continuar con nuestro modelo económico y sostenerlo a toda costa.

¿De verdad que importa la deuda en estos momentos? ¿Siendo la moneda refugio del planeta, importa el techo de deuda? La emergencia es real, pero las medidas también lo son.

El avance de la pandemia parece aún inexorable, y aunque en China se muestran señales positivas, en Occidente se esperan dos semanas trágicas, los datos así lo muestran. El recorrido será largo y duro, pero Estados Unidos muestra una férrea resistencia al cataclismo y anuncia un segundo paquete de dos billones de dólares, lo que equivale a un 10% de su PIB para la lucha contra la destrucción de empleo y la recesión que está a la vista.

¿Recordamos la crisis financiera encabezada por la quiebra de Lehman Brothers? No fue una recuperación instantánea ni mucho menos, fue paulatina a medida que se imponían las inyecciones de Capital para el sistema financiero y evitar su colapso. Pues bien, en el gráfico podemos observar cómo han sido diez años de crecimiento ininterrumpido en el mercado financiero americano.

La Reserva Federal de Estados Unidos anunció la compra de deuda, tanto federal como hipotecaria para evitar la caída libre de la economía y bajó los tipos de interés a cero, medida de nuevo, sin precedentes desde la crisis financiera de 2008. Además, la FED se comprometió a no subir tasas de 0 a 0,25% hasta que la economía no supere el impacto de coronavirus.

Son medidas que suponen claramente una inyección en todo el tejido industrial y productivo del país para salvar el modelo económico.

Europa y el BCE

Todos los Estados miembros de la Unión Europea sin excepción han inyectado liquidez a los mercados y propuesto ayudas de calado. Con más o menos acierto en algunos países, cabe destacar Austria con un paquete de medidas superior a 4.000 millones de euros. Italia ha anunciado un paquete por valor de 25.000 millones de euros, y España ha movilizado 200.000 millones de euros para luchar contra esta crisis.

Mientras el BCE, que en un primer momento nos dejó desconcertados con algunas de las declaraciones de Lagarde, se ha puesto el mono de trabajo para anunciar de forma inmediata la compra de activos públicos (deuda gubernamental) y privados (deuda de Empresas) por valor de 750.000 millones de euros. Además, sin dejar a nadie por el camino, rebajando los requisitos a Grecia por ejemplo, para la compra de parte de su deuda.

Únicamente cuando se evidencie la salida de la crisis producida por la pandemia el BCE dará por terminada esta fase, pero en ningún caso eso se producirá hasta finales de año. Por tanto, seguridad económica para dotar de liquidez al sistema financiero y evitar quiebras de empresas y Estados.

Es evidente la determinación del BCE cuando anuncia que: “no tolerará ningún riesgo para la transmisión fluida de su política monetaria en todas las jurisdicciones de la zona euro”.

En España, la crisis de confianza y del Euro entre los años 2011 y 2013 se superó con ayudas del BCE en la compra de Bonos y se tradujo en crecimientos continuados, que aunque se escenificaba una desaceleración global, se seguía estimando un crecimiento para este 2020.

Es cierto que la desaceleración era una realidad que se imponía en cada trimestre, con los resultados trimestrales de las compañías y la creciente desconfianza del inversor en mantener continuadamente el ciclo de expansión económica.

Es muy posible que se necesite incrementar las iniciativas y las inyecciones de liquidez en el mercado, incluso que no seamos capaces de dilucidar el menoscabo económico generado por la paralización casi total del tejido productivo. Pero no es menos cierto que los agentes económicos están librando su particular batalla contra la pandemia, aportando respuestas contundentes ante un abismo desconocido al que, afortunadamente, De la artillería pesada de Draghi al programa de compra de emergencia por el coronavirus de Lagarde no llegamos solos.